Un jugador de la Roja preguntó por el precio de una entrada para la final: "Es vergonzoso"
Rodri firma el Mundial del pase: nadie completaba tanto desde 1966
Rodri está completando un Mundial de control absoluto. El centrocampista español ha alcanzado los 655 pases completados en la Copa Mundial de la FIFA 2026, el registro más alto de cualquier jugador en una sola edición desde que existen datos disponibles, a partir de 1966. newsbetting.club
El dato explica buena parte del dominio de España. Rodri no solo participa mucho: ordena, sostiene y decide cuándo acelerar. Su influencia aparece en cada fase del juego, desde la salida de balón hasta la gestión de los ataques largos, y convierte a la selección en un equipo mucho más estable.
No es un récord menor. En un torneo de máxima exigencia, donde los partidos se rompen con facilidad y el margen de error es mínimo, completar 655 pases habla de precisión, continuidad y una enorme personalidad para asumir responsabilidad con balón.
Rodri se ha convertido en el metrónomo de España. Cada posesión pasa por él, cada presión rival le obliga a encontrar una solución y cada partido termina dejando la misma sensación: la Roja juega al ritmo que marca su centrocampista.
En un Mundial lleno de nombres ofensivos, goles y focos, Rodri reivindica otro tipo de arte. El del pase, el control y la pausa. Un dominio silencioso, pero decisivo
Historias, mitos y leyendas del Maracanazo, el 'big bang' de la historia de los Mundiales
Ningún otro partido de la historia de los Mundiales ha generado tantas historias: algunas, verdaderas y verificadas. Otras, no tanto: forman parte de la leyenda del fútbol, pero ilustran tan bien lo sucedido en Maracaná el 16 de julio de 1950, hace exactamente 76 años, que bienvenidas sean.
Sin todas ellas, las reales y las que quizá sean apócrifas, no se explica lo sucedido ese día, que pasó a la historia como el Maracanazo: a Brasil le servía un empate para ganar su primer Mundial (no era una final, sino el último partido de una liguilla), se adelantó en el marcador pero acabó perdiendo 1-2 ante Uruguay. Fue una tragedia nacional.
Cualquier buen futbolero sabe a grandes rasgos lo que sucedió ese día: en Maracaná se dieron cita más de 200.000 espectadores (según la FIFA, es el partido con más asistencia de la historia), con todo preparado para el trunfo de Brasil. Miles de objetos con la leyenda 'Brasil Campeao' estaban listos para inundar el mercado. Friaça adelantó a Brasil, pero en la segunda parte, Uruguay remontó con goles de Schiaffino y Ghiggia.
Con el pitido final, el caos. Uruguay es campeón del mundo. La desesperación afecta incluso a Jules Rimet, presidente de la FIFA, que no sabe muy bien cómo entregar el trofeo al capitán de Uruguay, Obdulio Varela. Toda la ceremonia prevista se quedó en nada. Varela recogió la copa de manera casi anónima, fugaz, sin ceremonia ni fotos. Incluso Rimet estaba impactado por la situación.
La relevancia del 'Negro Jefe'
Varela, el 'Negro Jefe' como le llamaban en su país por el color oscuro de su piel, es uno de los grandes protagonistas de ese partido. Para empezar, antes de saltar al césped, viendo que las gradas estaban a reventar y que el ambiente sería muy hostil contra su equipo, se giró y les gritó a sus compañeros. "¡Los de fuera son de palo!". Fue su particular manera de decir que lo importante era lo que ocurría en el césped, no que en la grada hubiese gritos a favor o en contra.
Más tarde, ya con el balón en juego, Varela también fue decisivo. Cuando marcó Brasil, ante el delirio de la grada, tuvo la sangre fría de agarrar el balón con las manos y protestar al árbitro. Lo hizo para enfriar el ambiente, calmar la situación, romper el momento mágico que vivía el estadio. "Bueno, y ahora vamos a enseñarles a jugar, a estos japoneses", gritó a sus compañeros. Lo de 'japoneses' era su manera de despreciar al rival, asegurando que no tenían nivel futbolístico.
"El Papa, Sinatra y yo"
El autor del segundo gol de Uruguay fue Alcides Ghiggia, que falleció precisamente un 16 de julio de 2015, el día en el que se cumplía el 65 aniversario del Maracanazo. Su frase sobre lo sucedido aquel día pasó a la historia: “Solo tres personas fuimos capaces de silenciar el Maracaná: el Papa, Sinatra y yo.”
La otra cara de la moneda la vivió el portero de Brasil, Moacir Barbosa. Aunque llegó al Mundial muy bien valorado por la afición, ese partido laminó totalmente su carrera. El gol que le metió Ghiggia, por el primer palo, le penalizó durante el resto de su vida. Siguió jugando unos años más en su club, el Vasco da Gama; pero siempre estuvo muy mal visto por la afición. En un cruel guiño del destino, acabó cuidando el césped de Maracaná.
En 1993, intentó visitar la concentración de la selección brasileña que preparaba el Mundial de 1994. No le dejaron hacerlo. Decían que era gafe, que daría mala suerte. "En Brasil, la pena máxima por un delito es de 30 años, pero yo llevo más de cuarenta cumpliendo condena por un delito que no cometí".
Cuando cambiaron las porterías de madera de Maracaná, le regalaron a Barbosa los postes de aquella portería. Él los quemó en una barbacoa, como si quisiera exorcizar el recuerdo del gol de Ghiggia. No sirvió de nada: la sombra del Maracanazo le acompañó hasta su muerte, el 7 de abril de 2000, en Praia Grande.
Del blanco al amarillo
Relegada al baúl de los (malos) recuerdos la camiseta blanca que Brasil empleó ese día, la federación brasileña (CBF), a través del diario ‘Correio da Manhá’, convocó un concurso para elegir la nueva equipación de la selección, con la condición de que incluyese los colores de la bandera (verde, amarillo, blanco y azul).
Resultó ganador un joven de 19 años, ilustrador en varios periódicos del sur de Brasil. Se llamaba Aldyr Garcia Schlee: su diseño es el que Brasil sigue luciendo hoy en día, camiseta amarilla con ribetes verdes, pantalón azul y medias blancas. El premio que se llevó el joven ilustrador fue bastante sencillo: un viaje a Río de Janeiro, entonces capital de Brasil
Brasil estrenó su nueva camiseta el 14 de marzo de 1954, en un partido de clasificación para el Mundial, con victoria ante Chile (1-0). No ganó el Mundial de 1954 –fue eliminada por Hungría, uno de los equipos más potentes del mundo en ese momento-, pero sí el de 1958. En la final, curiosamente, no jugó de amarillo, porque se midió a Suecia, que también utilizaba una camiseta amarilla.
